El 3+2 y el 0+0 en la lucha de clases

Hace tiempo que se aplica una serie de reformas educativas en la universidad y a todos los niveles; ya sea la LOMCE o la Estrategia Universidad 2015 (la continuación del Proceso de Bolonia), el objetivo estratégico de aquellos que administran el Estado burgués es siempre el mismo –sea cual sea el partido–: en la crisis de sobreproducción dentro de la decadencia general del capitalismo, han de reestructurar el modo de producción capitalista, mediante las reformas y los recortes. Así, por una parte, cada «nueva» reforma educativa promueve que el alumno de ascendencia proletaria tenga que salir más y más pronto al mercado de trabajo con una baja cualificación, sin llegar a acceder a la universidad, así que le asegura un futuro laboral aún más precario, que encaje bien en las demandas del mercado. Por otra parte, refuerza la tendencia a especializar la educación contra la visión crítica e integral de la realidad. El 3+2 es un paso más en esta dirección del capital, por más que el ministro Wert lo encubra con la misma excusa con la que el gobierno del PSOE solía «justificar» el Proceso de Bolonia: en la convergencia europea.

Ante el 3+2, podríamos posicionarnos sin más contra la mercantilización de la enseñanza estatal. Pero, para construir la nueva educación y poner fin a la tendencia anterior, hemos de comprender su papel en la sociedad:

La función principal de la educación es dotarnos del conocimiento necesario para las labores. Educación y trabajo están ligados socialmente, y se desarrollan conjuntamente.

La política educativa del Estado español forma parte del pacto constitucional del que se dotó el capital y, por tanto, siempre combina los centros docentes estatales con los privados. A partir de aquí, la apuesta de la derecha de la burguesía es potenciar la enseñanza privada y religiosa, reservado a los estudiantes que puedan permitírselo (hijos de la clase dominante), en detrimento de la enseñanza estatal. Y esta última es la que la izquierda de la burguesía propugna, ya que ofrece a más clases sociales el acceso a los estudios. Esta izquierda nombra al Estado burgués (administración en la que también participa) como educador que nos imponga las lógicas del capital desde la infancia, a pesar de que el Estado solo puede ser el instrumento burocrático-ideológico-militar para imponer la dominación de una clase u otra, y pese a saber que la educación en el capitalismo siempre funciona como sistema selectivo en el que amplios sectores del proletariado no podrán acceder nunca a la universidad (por el tiempo de dedicación, por las barreras económicas, por las barreras académicas…). Para estos proletarios, no es 4+1 ni 3+2, sino 0+0.

 

Y es que la enseñanza, ya sea privada o estatal, la utiliza la burguesía como inversión en capital variable a fin de obtener beneficios: nos forma como mano de obra valorada según el campo de saber parcializado y el nivel de especialización, en competencia selectiva. Por tanto, la instrucción se convierte en parte constitutiva de los futuros asalariados, mientras que el fruto de trabajo es privatizado y personificado y nos cosifican como mercancías. La educación tiene, asimismo, un valor de cambio en la producción capitalista, y se desarrolla conforme a las mismas relaciones sociales de dominación; la educación en el capitalismo siempre ha estado mercantilizada. La enseñanza ejerce esa función sirviendo como instrumento para la promoción selectiva de los ciudadanos, fundada no solo en la división técnica, sino también en la división social del trabajo (la cual es subyacente a la división en clases sociales antagónicas). Esto lo podemos apreciar desde el poder unidireccional del rector hasta la figura del examen, que es una forma de intercambio mercantil de saber por títulos para ascender selectivamente en la jerarquía capitalista, valorado y guiado por «expertos» que pre-fijan de modo también selectivo y sesgando qué nociones y técnicas hay que aprender para aprobar cada examen, presentándolas como la verdad metafísica, eterna e incuestionable, como si el educador no necesitase ser educado, y obviando que las capacidades de toda persona solo las desarrolla colectivamente. Las organizaciones «comunistas» que usan estos métodos de clase (burguesa) reproducen también la división en clases sociales es su seno, así que nunca avanzarán por el camino de la revolución proletaria.

Como decíamos, el sistema educativo actual nos forma selectivamente como mano de obra de acuerdo con las necesidades de la producción capitalista. Pero aquí encontramos una pareja de tendencias contrarias: la mejor formación de mano de obra requeriría la igualdad universal en el acceso a la educación –que está reconocida jurídicamente como derecho en todas las constituciones de la burguesía–, pero en el capitalismo es imposible aplicar de facto ese derecho. Por eso, no fue hasta que el capitalismo llegó a la fase última imperialista –cuando también se inició la era de la revolución proletaria–, que la enseñanza se generalizó en los niveles intermedios, también por las necesidades ideológicas frente a la ofensiva revolucionaria mundial, y usó –para sufragarlo– la acumulación de capital estatal que alimenta con la explotación del proletariado (sobre todo el del 0+0) y de las (semi)colonias.

El 3+2 también obedece a esta problemática: respecto a las necesidades de la producción capitalista, hay demasiados universitarios y titulados, a causa de la anarquía que reina en ambos ámbitos. Como el capital es incapaz de absorber la cualificación masiva asegurándole la promoción que exige, y no le interesa invertir sin obtener grandes beneficios, está privatizando la enseñanza y reforzando las barreras al ascenso, con tal de disminuir el número de estudiantes universitarios y titulados, que antes requerían una licenciatura, después un grado y un año de máster, y ahora un grado y dos años de máster. No hemos de centrar la atención en Wert, sino en el capitalismo, como responsable total.

La respuesta de la mayoría de los comunistas delante de esto se restringe a los límites de la resistencia –desde el fin del ciclo de octubre. Reivindican la igualdad de derechos para acceder a un sistema de selección que ni es ni puede ser neutro (ya desde la infancia), sino que nos forma, sobre la base de nuestra procedencia de clase, para ejercer distintos roles sociales en la jerarquía de clases capitalista, y se financia con la explotación. Se suman a estas movilizaciones para guiarlas, como si la clase obrera los necesitase para organizarse en defensa de sus intereses inmediatos, centrándose en la lucha contra los efectos del capitalismo, sin poder adquirir conciencia del antagonismo irreconciliable entre burguesía y proletariado como totalidad, y sin poder, entonces, llevar ese antagonismo hasta las últimas consecuencias: la revolución.

En efecto, para construir cualquier parte de la realidad hacia el comunismo, es necesario revolucionar el conjunto de la sociedad desde la raíz. La escuela (y la universidad) no puede cambiar ni variar sus tendencias si no la destruimos como instrumento del capital, superándola, y destruyendo el capital al mismo tiempo. Los marxista-leninistas entendemos, asimismo, que solo puede haber una educación que sirva a la autoemancipación consciente del proletariado si este la crea a través de su dictadura como clase revolucionaria.

Unir conscientemente la nueva educación con la nueva producción, construyendo un modo de producción sin división social del trabajo y, por tanto, sin clases, es la única manera de situar la educación y el trabajo en manos del conjunto de la nueva sociedad comunista, sin explotación y sin «expertos» que los dirijan, sino con intercambio entre niveles de aprendizaje. Para hacerlo, tenemos que reconstituir la cosmovisión marxista-leninista (como base) y los instrumentos políticos de la revolución proletaria:

¡Reconstituyamos el Partido Comunista!

Cèl·lula Roja

Enllaç a la versió en valencià.

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Una resposta a El 3+2 y el 0+0 en la lucha de clases

  1. cellularoja ha dit:

    Nuestro texto original tiene una limitación importante, y es que en la explicación del porqué de las reformas educativas en general y del 3+2 en particular no hace ninguna mención al verdadero factor principal: la ausencia de movimiento revolucionario tras el final del Ciclo de Octubre. La liquidación del sujeto revolucionario ha impuesto un cambio en la correlación de fuerzas de clase que le ha permitido a la burguesía deshacer aquello que había hecho para la extensión a más capas sociales de la enseñanza universitaria: como ya no hay ninguna amenaza por parte del proletariado revolucionario, no tiene por qué contrarrestarla con el papel ideológico de la universidad. Si la mantiene es porque lo necesita para la producción y por el poder de la aristocracia obrera, que necesita reproducirse constantemente como clase.

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